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domingo, 7 de abril de 2013

Contamana: el distrito de Ucayali que conmovió al país con su solidaridad

Mototaxistas iluminaron pista de aterrizaje para salvar a tres enfermos. Fue la octava vez que ocurrió gracias a una radio que organiza la ayuda.
El martes, unos 350 mototaxistas iluminaron la pista del aeródromo de Contamana para que partieran tres enfermos en una avioneta. Llegan mujeres con sus hijos pequeños. (Foto: Dante Piaggio / El Comercio)
Cada vez que en Contamana se escucha la melodía “Ojo de tigre”, de la película “Rocky”, Elí Torres Navarro corre por sus colinas empantanadas y jinetea su mototaxi. Es la tonada de la unión, la señal ‘mosquetera’ desde 1992 – cuando llegó la radio aquí. Al escucharla, Elí, de 46 años, y el pueblo en pleno corren poseídos de bondad. Elí: uno. Contamana: todos. Porque en este pueblo de 24 mil almas y alarma idealista, todos aprenden de críos a que uno es para todos. “Y todos para uno, cómo no lo voy a saber yo”, revive este hombre, cuya esposa, enferma de cáncer de útero, pudo ser operada en Pucallpa gracias a una rauda colecta de tres horas. Colecta de gente pobre: sol por sol, hasta completar 2.200 soles.

Torres fue casi el mototaxista número 200 en llegar presto este último martes a las 8:15 p.m., al aeródromo de Contamana, para iluminar con otros 350 colegas la deforme y destartalada pista de aterrizaje y formar dos hileras de una luz unánime, que permitió a una aeronave despegar con tres pacientes graves.

Una de ellas, Melita Murrieta, tuvo un embarazo de alto riesgo y fue llevada con su bebe al hospital regional. Media hora más y era el fin, pero ambos se salvaron. El tercero, Samuel Tamani, de 17 años, tenía una enfermedad contagiada por ratas e infelizmente murió.

Pero fue tan esplendoroso ver 350 luciérnagas benéficas darlo todo por tres de los suyos, que la noticia conmovió al país. Sin embargo en esta ciudad, considerada en pobreza por el INEI, aunque un kilo de azúcar cueste 2,50 soles y el balón de gas 35, fue la octava vez que sucedía algo tan maravilloso.

Aquí es de lo más normal ser bueno. Uno de los policías que dormita confesó: “Es como estar de vacaciones”. Solo la paz toma por asalto: las bicicletas y celulares se pueden dejar en cualquier lugar sin más, el cerrojo de las puertas es mezquina formalidad.

Pasan madereros, mineros ilegales y hasta narcotraficantes, pero no pueden vulnerar el tácito no robar. Cuentan que hasta el narco ‘Cachique’ Rivera se portaba bonito para pasar desapercibido. Hace 5 meses llegaron unos piratas de río y cientos de personas los persiguieron y los entregaron a la aburrida policía.

La honestidad es una pasión, excepto en sus autoridades, por eso padecen episodios de furias masivas a lo Fuenteovejuna: en el 2000 se levantaron contra sus políticos y sucedió el llamado ‘Contamanazo’. Y están lejos de ser una utopía: su pobreza es visceral, su colegio más grande está inundado en ríos de basura y solo un 20% tiene agua y desagüe.

Contamana tiene una posta con un único médico para todos, a orillas del río Ucayali. En medio de esto, también tiene una sola radio que intenta subsanar ese atroz abandono en salud de todos los gobiernos. Se llama radio Feroz y es dirigida por un Lobo con piel de llanero. De llanero solidario.

MÁS CERCA DE LA GENTE
“Cuando no existía mi radio para poner la música de Rocky, la gente utilizaba embudos en forma de parlantes para hacer el llamado de la solidaridad”, cuenta Rodolfo Lobo Tello, el periodista de 56 años, seis hijos y voz en fauces. Es desde su radio que Contamana ejercita con disciplina su atlético corazón. “La primera vez que se movilizaron los taxistas fue en el 2004, se juntaron 700 y los que no tenían moto llegaron con generadores y focos, y había cientos de niños y ancianos con sus linternitas”, dice.

Fue un caso de sangre: siete contamaninos regresaban en auto de un paseo por las aguas termales y les cayó un árbol encima. Los tres de adelante terminaron con las piernas mutiladas y los otros cuatro salieron disparados. Lobo aulló su dolor y surgieron dos personajes de pintura: un fiscal y un aviador.

Julio César Barrientos había sido fiscal mixto aquí, fue trasladado a Pucallpa, pero le quedó el amor por la compasión contamanina. Lobo acudió a él. Barrientos llamó al Ministerio de Transportes y le dijeron que era imposible que una avioneta saliera sin luz en la noche. Una hora después, los mototaxistas arremetieron a farolazos (no es fácil para ellos, pues la gasolina está S/.13,50 el galón). Y ahí surgió el ‘Gringo Rudolph’, un ex piloto de guerra estadounidense que aceptó la piadosa insolencia en su avioneta, que quedó pintada de rojo humano.

Todos se salvaron. Fue un triunfo cósmico contra la muerte, la pobreza y el egoísmo juntos. Y ambos siguieron siendo héroes en los rescates que vinieron: a un alcalde escolar de 16 años con una estaca en el estómago, a un niño azul que languidecía, a una jovencita con embarazo ectópico… Esta última es Francisca Shuña, de 25 años, y también manejó su moto este martes para iluminar a otra embarazada. “Hace un año, me desangraba y recibí 7 litros de sangre de mi pueblo”, recuerda.

“Una medianoche del 2012 abandoné Contamana por primera vez. Y fue tan feo…en Pucallpa le querían cobrar a mi padre 250 soles por unidad de sangre, ¿así funciona el mundo?, pensé. Me dolió despertar, descubrir otra realidad”. Ahora cada vez que tiene una pesadilla, Francisca abre su puerta para ver si Contamana todavía sigue allí.

JORNADA DE SOLIDARIDAD
La pasión por ayudar al otro
Ayer sábado, Rodolfo Lobo celebró la jornada de solidaridad 1.200. Durante las jornadas se expone el caso de un enfermo que necesita ayuda urgente y se abre la radio para que todos colaboren. La maestra Rocío Mendoza tuvo un derrame cerebral, está en Pucallpa y necesita dinero para viajar a Lima; las donaciones solo podían llegar hasta mediodía. Y desde las 9 a.m. ocurrió el epítome de la bondad humana: Flor Flores, de 70 años, llega con su nieto de 8 meses, y entrega S/.3. “No tengo más”, dice con candor. Aparece Luis Rincón, profesor jubilado, con ropas raídas y da 10 sacrificados soles: “la vida de mi colega vale más”. Atrás, María Saldaña, de 12 años, está solita y da S/.2, “es mi propina”, y se esconde. Llaman de la Panadería Vásquez: S/.10. A Lobo de paso le agradecen otros favores (un señor lo abraza porque su mujer volvió con él, gracias a su mensaje en la radio; otro le pide que lo ayude a sanar de la brujería). Es increíble: a mediodía, todos reúnen S/.900 para uno solo. Porque ese uno solo es todos en Contamana. (El Comercio)